Puff Puff que olor... (Parte2)

Ella es bailarina, morochonga, de lomo aceptable que trabaja en una de las obras más taquilleras de la temporada en Mar del Guita (Plata). Sus compañeros de elenco ya la señalan por lo bajo como una "mala persona", como una miserable despiadada por no controlar el aroma a dope de burro que lanza su boca noche tras noche. Esta vil, canalla y maléfica fue expulsada de al menos tres camarines del teatro y lo tengo confirmado porque también lo sufrí en carne propia con arcadas incluidas. La nami me genera un odio profundo que si tuviera que vivirlo durante un mes de corrido, les juro que me corto las venas con un Activia.

Él es un personaje mediático, mediático y súper mediático que vive su verano más apagado desde que conoció algo de popularidad. Este proyecto a larguísimo plazo de actor y cantante despide una fragancia muy especial de su cuerpo artificial. Esa baranda padecida por varios colegas suyos y espectadores es una mezcla de ajo con un flan abombado.

Es increíble que nadie de su entorno se anime a decírselo. Hace pocos días conversé con él en una disco, claro sin que supiera quien soy en realidad en la vida virtual y comprobé lo que me había chismeteado en confianza un amigo suyo. Debo reconocer y quizás con estas palabras le estoy dando una gran oportunidad al muchachote de que cambie o se haga ver por un veterinario, que cuando me saludó con un besito y abrazo, lo primero que sentí fue el olor de un costoso perfume importado pero ahí nomás, pegadito, vino lo peor, o sea, las náuseas.